


La reforma cristiana:
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La reforma produjo el ideal de la tolerancia religiosa y al mismo tiempo reforzó los poderes del príncipe por medio del desarrollo de una iglesia estatal, convirtiendo así el descontento religioso en revuelta política al hacer que los hombres crean que el camino a la libertad religiosa se encuentra en la adhesión al estado. El efecto político de la reforma fue dar una legitimación divina al estado, el equivalente a un estado cristiano. La reforma significó asimismo la aceptación gradual de la usura o la cristianización de la usura.
Martín Lutero (183) consideró que tanto la ley como el pecado estaban abolidos y declaró que: “En la medida en que me aferro a Cristo por la fe, en esa misma medida, por tanto, la Ley ha sido abrogada para mí”. Esto es la esoterización de la Ley.
En 1529 Lutero, en su Pequeño Catecismo , dio una visión más correcta de la ley, pero sus breves declaraciones al respecto no pudieron deshacer el daño provocado por sus más extendidos ataques a la ley. Con demasiada frecuencia Lutero sintió que el único camino para establecer la doctrina de la justificación por la fe era rechazar la santificación y todas las obras previas. Él escribió el 1 de agosto de 1521 a Melanchton (184): “El pecado no nos puede separar de Dios, incluso si asesinamos y fornicamos mil veces al día”.
La ley cristiana sufrió un maltrato serio en manos de Martín Lutero. En parte como reacción al levantamiento campesino y a los anabaptistas (185), Lutero se volvió duramente contra la ley, a la que denunció intemperantemente, en un sermón de 1525, Cómo deberían considerar los cristianos a Moisés . Lutero sostuvo que la ley de Moisés sólo obliga a los judíos y no a los gentiles. “Ya no tenemos a Moisés como soberano o legislador”. Lutero encontró tres cosas en Moisés: “En primer lugar, descarto las órdenes dadas al pueblo de Israel. Ellas ni me apremian ni me obligan. Son algo pasado y muerto”, excepto como ejemplo o un precedente. “En segundo lugar encuentro algo en Moisés que no tengo por naturaleza: la promesa y el compromiso de Dios respecto a Cristo. Esto es lo mejor”. Ninguno de estos usos de Moisés tiene algo que ver con la ley, y lo tercero aún menos. “En tercer lugar, leemos a Moisés por los bellos ejemplos de fe, de amor y de la cruz, como se muestra en los padres, Adán, Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y todos los demás”. También se nos han dado ejemplos de hombres incrédulos y sus destinos. Sin embargo, “donde él da una orden, no le hemos de seguir salvo en la medida en que concuerda con la ley natural”.
Johannes Agrícola (186), llamado a veces Islebius, fue un líder activo en la reforma luterana. En su búsqueda de algún principio efectivo con el que combatir la doctrina de la salvación por las obras, Agrícola negó que el creyente estuviera de modo alguno obligado a cumplir la ley moral. En su disputa con Lutero en Wittenberg (1537), se dice que Agrícola dijo que un hombre se salvaba sólo por su fe, sin que importe su carácter moral. Estos puntos de vista esotéricos de Agrícola fueron denunciados por Lutero como una caricatura de los Evangelios, en lo que vino a conocerse como el antinomismo (187). Y sin embargo es importante darse cuenta que el uso (inconsistente) de la Ley Mosaica por parte de los reformadores no obedecía a un deseo de establecer la Ley, sino que era más bien un argumento en defensa de la autoridad del gobierno secular.
Melanchton, que fuera la mano derecha de Lutero, no traicionó a Lutero. Lutero creó una nueva doctrina de la ley natural muy similar al tomismo basado en Aristóteles y la teología bíblica. Habiendo denunciado la Ley Mosaica, la única alternativa era el tomismo y la ley natural. Así, la reforma nació muerta.
Melanchton escribió en Loci Comunes (188):
“Algunas leyes son leyes naturales, otras son divinas y otras son humanas. Con relación a las leyes naturales, no he visto nada meritorio que haya sido escrito ni por los teólogos ni por los juristas. Porque cuando se proclaman las leyes naturales lo adecuado es que se recojan sus fórmulas por el método de la razón humana mediante el silogismo natural. Aún no he visto que esto se haya hecho por nadie, y no sé en absoluto si pueda hacerse, al estar la razón humana tan esclavizada y ciega -al menos así ha sido hasta ahora-. Además, Pablo enseña en Romanos 2:15 en un argumento claro y notablemente bueno que hay una conciencia en los gentiles que defiende o acusa sus actos, y por lo tanto es una ley. En efecto, ¿qué es la conciencia sino un juicio de nuestros actos que se deriva de alguna ley o regla común? La ley de la naturaleza, por consiguiente, es un juicio común al que todos los hombres dan el mismo consentimiento. Esta ley que Dios ha grabado en la mente de todos es apta para la configuración de la moral”. (189)
Los fundamentos naturales de la ley de Melanchton no eran divinos sino “el juicio común al que todos los hombres dan el mismo consentimiento”. Este principio estaba basado en el mayoritarismo: la mayoría de la gente debe decidir y esta mayoría debe preservarse mediante la remoción de aquellos que la dañan.
| Actualizada el 10 de Junio de 2006 | |||||
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