El Retorno del Califato
Shaij Dr. Abdalqadir As-Sufi

'El Califato no solo es algo fundamental para el Islam
sino que es necesario para fundamentar su poder.'
EL CAMINO HACIA EL CALIFATO
Una advertencia
Lo primero que debemos comprender, si estamos por una renovación social, es cómo pensar y aprehender la cuestión de los patrones sociales. Al desastroso "método" del colapsado occidentalismo se le llama análisis crítico. Lo fundamental de su fraudulencia reside en la habilidad de analizarlo todo sin jamás someterse a sí mismo, o a la propia evaluación, a su propio método. Ahora ya puede verse que el occidentalismo es el autor de los campos de concentración, del estado de control informatizado, de Chernobil, de la contaminación a escala global, del exterminio de las especies, de la invención de un tercer sexo (clase eunuca psicologizada), de los super‑virus irradicables y de las megaciudades. El mayor peligro del método del análisis crítico no consiste en lo que ya ha producido, sino más bien en lo que está dispuesto a impedir. Dicho de otra manera: mediante la aplicación de análisis arbitrarios y utópicos de sociedades pasadas, se previene en contra de un posible retorno a ellas aunque éstas se hubiesen renovado. Sin embargo, su prometida sociedad futura, racional y eficiente, en sí misma una fantasía idealista, jamás ha aparecido, al tiempo que su planteamiento sume al mundo en un sufrimiento cada vez mas intenso.
Así, la argumentación contra el Califato se construye indicando los errores obvios de su sociedad, como si esta sociedad, para justificar su existencia, hubiese tenido que mostrar, además, su perfección.
No hay sociedad humana perfecta y los defectos deben ser sopesados con el vigor, la armonía y el desarrollo de una sociedad en forma. Un ejemplo vívido de esta crítica, es la usual denuncia sobre la Casa Osmani por el asesinato de hermanos, e incluso hijos que pudieran pretender el trono, mientras que nadie habla de abolir la democracia a pesar de la larga lista de presidentes asesinados.
En primer lugar debemos comenzar por la premisa realista de que, siendo el nihilismo la forma más elevada del pensamiento occidentalista, todo lo que esta sociedad pueda aprobar o imponer sobre la especie humana está de por sí condenado al fracaso.
La democracia no es más que un cínico engaño que da lugar a un estado policial totalitario gobernado por un dictador irresponsable cuya única motivación puede no ser otra que el poder personal. Una primer ministro inglesa devastó durante diez años la fibra moral y social de la nación pero, cuando al fin abandonó el poder, su hijo se había colocado entre los hombres más ricos del mundo. Para llegar a ser presidente americano hay que empezar por ser millonario, para pasar luego a depender por completo del apoyo de la élite financiera.
No es sólo la burocracia la que propicia la tiranía, sino la misma existencia de una clase política. Esta anticuada estructura puede ser vista como base y fundamento del sistema bancario. Un super‑estado no es más que una cuenta bancaria. Lo que impide la independencia Vasca, Escocesa, Cachemira, Bosnia, Kósova, Macedonia, Chechena o Catalana, no es la misteriosamente irracional, y en consecuencia "sagrada" Constitución, sino lo que ese documento encierra, que no es otra cosa mas que una agrupación de pueblos en forma de entidades deudoras. Libérese Escocia, libérese de verdad y ¿quién pagará entonces su parte de la deuda nacional? El nacionalismo concebido como censo es banquismo, pura y simplemente.
Muhiyyid‑din ibn al‑Arabi definió una nación como una zona donde se habla una lengua determinada.
Nada, absolutamente nada puede salvar al occidentalismo, y su colapso, cuyos síntomas son ya evidentes, es
imposible de evitar desde dentro del sistema. El Reformismo ya no puede salvarlo. La última fase del capitalismo bancario, que prosperó a base de conflictos externos y variantes experimentales, comunismo, cantonalismo, colonialismo, al ser ahora de carácter global debe implotar en sus últimos instantes históricos.
La recuperación de la sociedad, la relación humana, la esperanza y el buen hacer, dependen de que sepamos componer un "postludio" al nihilismo. Nietzsche llamó a ésto la transvaloración de todos los valores. Cuando el mismo filósofo dijo: "Dios está muerto", jamás significó ateismo, tal y como explicó brillantemente Heidegger. Lo que declaró muerto, fue el concepto de la falsa teología psicologizada propia de la judeo‑cristiandad. También fue él quien dijo:
“...los Cruzados lucharon contra algo ante lo cual mejor hubiera sido postrarse en tierra: una cultura ante la cual incluso nuestro siglo XIX puede considerarse muy empobrecido... el cristianismo, el alcohol, los dos grandes medios de corrupción... Puesto que una vez puestos ante el Islam y el cristianismo no cabe elección posible... ¡Pasemos Roma a cuchillo! Paz y amistad con el Islam".
Más adelante declara: "Si el Islam desdeña al cristianismo tiene razón una y mil veces: El Islam supone previamente hombres... "
Así fue como el gran filósofo, al rechazar categóricamente el eje judeo‑cristiano, hacía una llamada a la revaloración de todos los valores y ésto, a fin de cuentas, lo único que puede significar es abrazar el Islam.
En consecuencia, nuestra primera advertencia es contra aquéllos que piensan que, en este estado terminal del occidentalismo, se pueden seguir esgrimiendo los viejos y agotados argumentos que emanaron hace ya cien años de las logias masónicas que, desde Edimburgo hasta Salónica, teorizaban acerca de lo "pasado de moda" y "lo caduco" en contraposición a la magia de "lo moderno" y lo "nuevo". Aplíquese su famosa crítica a ellos mismos y veremos lo que queda. ¿Quién duda a estas alturas que la chirriante filosofía de los Enciclopedistas, los Masones, la Secta (Economistas) y los Secularistas está lúgubremente pasada de moda y caduca? ¿Acaso queremos ser arrastrados de nuevo al siglo dieciocho?
La segunda advertencia implica guardarse del "modernismo" en su forma doctrinal islámica. En su gran trabajo titulado "Ulu Hakan ", Neçip Fazil ha delimitado con impresionante lucidez el ataque del sistema masónico contra el Califato. El elemento crucial que descubre, es que las logias de Salónica al mismo tiempo que preparaban el golpe de estado de los jóvenes Turcos, mantenían estrechas alianzas con los jóvenes Azharis, los ulama’ modernistas y rebeldes de Al‑Azhar.
La silsilah del crimen debe ser comprendida puesto que sus secuaces jamás podrán restaurar el Islam dado que la razón de su existir, desde el principio, fue la de desmantelar el Islam.
Hagamos un breve esquema de esta afirmación. Ibn Taymiyya apuntaba que si se desea saber cuál es la causa del conflicto humano, a nivel íntimo, debemos buscar su origen en el Corán, en la historia de sayyiduna Adam y Hawá (Eva). De igual manera, si se quiere comprender el conflicto existente en la comunidad islámica debemos buscar su fuente en la Fitnat al‑Qubra.
El intento de dislocar y desalojar al Califato islámico del poder soberano fracasó totalmente. Como la legitimidad no pudo ser derrotada, fue necesario superarla con una imagen de poder invencible. La doctrina de la Jilafa (que implica por supuesto Jilafa aunada a Sultanía) tenía que ser vencida metafísicamente. En estos términos, la doctrina del Mahdi implicaba la ilegitimidad de un gobierno que existía en nombre de un soberano oculto en el No‑Visto. Llevado a su extremo, predicaba la posibilidad de poder soberano solamente como una promesa futura en vez de como una realidad presente; y lo peor del caso es su rechazo de cualquier gobierno histórico como inaceptable en cuanto imperfecto, proyectando con esto el gobierno perfecto hacia un hipotético futuro. Así pues, lo esencial de esta doctrina es su insistencia en negar la posibilidad de un Sultán histórico en el presente, que es cuando es necesario, sustituyéndolo por la desesperada empresa de un sultanato meta‑histórico lanzado al fin de los tiempos cuando, de hecho, para entonces ya no sería necesario.
Esta es la verdadera esencia de la rebelión Shi'a. Después de todo no tiene que ver con la legitimidad hereditaria. Extrañamente se auto‑presenta como el partido sin líder, poder, gobierno ni justicia, para ofrecer en su lugar un sacerdocio encargado de recolectar el zakat desprovisto de líder o identidad social. La doctrina del Mahdi imposibilita el sultanato. Es una doctrina espejo de la judía ortodoxa, que gira en torno a la espera del Mesías. La teoría subyacente en esta doctrina, es que todos los estados y gobernantes son injustos pero que un día, al final de todo, la justicia llegará al mundo. Esta doctrina sin embargo, entre judíos y cristianos no está carente de razón, puesto que para éstos últimos los judíos son gente a perseguir y esclavizar por razones religiosas, mientras que para los judíos, los cristianos son César y el Estado Romano. Pero esta doctrina no puede presentarse como islámica. Con el acontecimiento de la revelación hecha por Allah a Su Mensajero, al que Allah bendiga y conceda paz, y el funcionamiento de la ley entre la gente de Medina durante su vida y la de los tres primeros Califas, se estableció un nuevo modelo de gobierno. Y este modelo en absoluto es el de un estado en el sentido estructuralista. Y si se insiste en definirlo como estado, habría que definirlo como un nuevo modelo ecológico conforme a la fitra, la forma natural. Este modelo es el que pusieron en práctica primero los Omeyas, luego los Al‑Murabitun Andaluces y por último los Osmanis, con sus defectos y sus cambios, pero que mientras duraba se movía siempre, una veces más cerca y otras más lejos, del patrón establecido en Medina.
La lección histórica para captar la forma de gobierno islámica es clara y consistente. Si se sigue la justicia de la shari'ah, la 'Umma está bajo la protección Divina. Toda desviación de lo ordenado por mandato Divino produce debilidad o fracaso. Los recortes al dinar de oro o el abandono de la ley de los dhimmis es el camino seguro hacia la ruina. Dejar la práctica del yihad o abandonar el dinar de oro islámico significa el colapso del pilar del zakat y, en consecuencia, el fin del poder islámico.
Así pasó cuando, al mismo tiempo que los masones de Salónica corrompían a los jóvenes oficiales militares incitándoles a traicionar el juramento de lealtad prestado, los ulama' masones del Egipto ocupado por los ingleses comenzaron a emitir juicios legales engañosos que en lugar de seguir la shari'ah obedecían a la doctrina masónica.
La silsilah de la vergüenza comenzó, como ya hemos señalado, con Saud, el traidor zindiq decapitado en Estambul por orden del Shayj al‑Islam. El beduino fue ejecutado, pero la nefasta doctrina de los wahabis siguió viva. Pretendiendo en apariencia la purificación del Din, lo que de hecho hacían era llamar al derrocamiento del Califa de la Umma islámica. Para conseguirlo, la doctrina wahabi tuvo que rechazar el fiqh basándose en la pretensión de que su fuente secundaria era textual y no el precedente legal o la práctica consuetudinaria. Este rechazo del fiqh significaba la negación total y absoluta de las decisiones de gobierno basadas en la shari'ah y, en consecuencia, de la Sultanía. Era Meca sin Medina. Esto significa, Shi'a.
Las peregrinas ideas sobre la independencia nacional llegaron a los árabes a través de los agentes de la corona británica. Ya en su tiempo, Ibn Abdalwahhab había recorrido la península con un agente británico, pero el hombre que en el siglo XIX y de forma inteligente vinculó la rebelión contra el Califato con la rebelión colonial contra Europa, fue el notorio Yamalad‑din al‑Afghani, el activista shi'a de Irán. Iniciado masón, Yamalad‑din reclutó para las filas de la logia de El Cairo al joven 'alim Muhammad Abdu, quien a su vez conoció y trabó amistad con el gobernador‑banquero judío Lord Cromer, miembro de la familia Baring. El discípulo de Abdu fue Rashid Reda, encargado de emitir una serie de fatwas cuyos fines eran adaptar la Ley Islámica a los imperativos occidentales tanto sociales como económicos. De Rashid Reda surgen las figuras clave del modernismo sub‑shi'a: Maududi y Hasan al‑Banna. De al‑Banna sale Sayid Qutb que se opuso a Nasser. Debe recordarse en este punto que los enemigos mortales de Nasser fueron Israel, Francia e Inglaterra. Nasser casi consiguió la expulsión de los sauditas, instalados en Arabistán por mediación británica.
Básicamente, sus desastrosas doctrinas muwahid, financiadas y estrechamente aliadas a las de los usurpadores saudis, han hecho que, en este siglo, los musulmanes se vean inexorablemente sumergidos en el colapso y el desastre político.
Su último y cínico logro fue el establecimiento de los llamados "Bancos Islámicos", con los que se bombea la riqueza de las gentes musulmanas para su trasvase al inútil sistema haram de la banca usurera y los instrumentos ‑también usureros‑ del intercambio fiduciario basado en simples números. El colapso y desastre de los falsamente llamados "Movimientos Islámicos" de Argelia y Egipto hasta Pakistán, es paralelo al fallecimiento tanto de su madre masónica como de su padre modernista/nacionalista.
Renovación
La renovación en el Islam requiere la puesta en marcha y aplicación de una nueva recuperación del modelo original de Medina. ¿Cuáles son sus parámetros? Son bien conocidos y no admiten discusión alguna.
Para empezar, recordemos que el Humanismo acabó en una absoluta inhumanidad. Es preciso olvidar las promesas futuras de felicidad en la utopía de este mundo y declarar que no hay poder excepto el que viene de Allah, el Todopoderoso, el Dador de Poderío. Esto es lo que sin duda nos da el poder para actuar. Lo sabemos por el Mensajero, que nos lo enseñó mediante el regalo de la Revelación contenida en el Corán y por su propia Práctica. En consecuencia declaramos: no hay más dios que Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah. La sumisión es sólo a ésto.
En segundo lugar: establecemos el salat y el pago del zakat. El yumu’ah, el ramadán y los dos Ids deben establecerse por mandato. El zakat debe ser tomado (no dado) por mandato de la autoridad. El Emir es necesario para todo ésto. A su vez, el zakat no puede recolectarse a no ser que se pague con el dinar de oro islámico de acuerdo con los ahkam del Corán. En consecuencia, la acuñación de monedas con un peso determinado es lo que indica la existencia de un modo de existir islámico. Este acto es lo que indica que el poder está en manos de los musulmanes, tal y como ocurrió cuando Abu Bakr As‑Sidiq fue a la guerra para forzar el pago del zakat.
La acuñación del dinar islámico por un líder musulmán y la recolección, mediante el uso del poder, del zakat en esta moneda, es el acontecimiento fundacional para el retorno del Califato. Lo que puede empezar en cualquier lugar de la tierra debe terminar en Meca, volviendo a poner su protección en manos del Califa islámico. La protección de los Haramayn debe ser la continuación de lo anterior, aunque tome tiempo, tal y como sucedió con el Rasul, luego con los Omeyas y luego con la Osmaniyya.
De esto se sigue que las mezquitas deben ser dirigidas por Imams sin salario, a no ser determinadas excepciones, para estar así a salvo de toda dependencia y libres para enseñar el Din. El establecimiento del yumu’ah es otro acto de Sultanía.
Una vez establecidas para la gente el salat y el zakat, la usura, por imperativo legal, debe ser abolida. Esto significa el abandono del papel moneda y las instituciones del latrocinio: bancos, mercados de valores y sistemas de tarjetas de crédito.
Para el establecimiento de un modo de existir islámico completo es necesario que haya un Emir. Desde la autorización del yumu’ah hasta todo lo demás, cada obligación del Din requiere una orden con mando. El liderazgo es parte ineludible del auténtico Islam. La oración del yumu’ah no era práctica de los Shi'a hasta los recientes acontecimientos de Irán, y aún sigue siendo denunciada por los ulama' ortodoxos de este país.
El marco político de la esclavitud bancaria necesita una serie de imperativos ideológicos que la hacen posible: super-estado, límites nacionales, censo nacional, la existencia de una deuda nacional en manos de bancos privados y un gobierno "elegido" para vigilar a la gente. Este modelo totalitario de capitalismo desarrollado disfrazado de populismo, está sostenido por la creencia en el mito religioso que define las fuerzas de mercado como algo fluido e impredecible pero que, al mismo tiempo y de forma predeterminada, provoca la inflación de las cotizaciones de las monedas de papel. En el modelo democrático, el poder no pertenece al "pueblo", sino a los expropiadores de la tierra y las mercancías que obtuvieron su riqueza mediante la manipulación del mercado y de los mecanismos que conducen a la bancarrota.
El establecimiento de la Umma islámica con poder soberano depende del rechazo del sistema financiero usurero actual junto con todos sus instrumentos e instituciones. La consecuencia de ésto es el colapso de la tiranía de la democracia. Este sistema, lejos de ser el "mejor que tenemos", es de hecho el peor. Aliada a la democracia llega la engañosa institución de una clase política profesional que depende a su vez de una burocracia paralela. Esta práctica espantosa y ritualizada, la política asamblearia, es un método históricamente fracasado que encubre en realidad el control absolutista ejercido por una élite, no elegida, de banqueros.
En primer lugar: adoración islámica dirigida por un Imam independiente. Una yama’ah. Segundo: la necesidad que la gente tiene de obedecer a Allah y a Su Mensajero, al que Allah bendiga y conceda paz. Todo ello exige un líder.
La energía de la 'ibada, y el deleitarse en ella, genera una necesidad espiritual. A su vez, esta necesidad, gracias a la generosidad de Allah, hace que un hombre animoso se adelante. No se trata de una figura esperada, apocalíptica, que tenga que llegar al final de los tiempos: un Mahdi. Más bien es aquél que enarbola el estandarte del Islam. Este es el papel del Sultán. La autoridad destinada del Islam fue decretada por Allah para que permaneciese en Turquía. Y allí se ha mantenido, fuerte y débil, durante más de seiscientos años. De la cuerda sólo se ha cortado el trozo equivalente a una vida. Es sumamente fácil de recuperar.
Nuestros enemigos han sido capaces de formar una pseudo‑nación a partir de una antigua concesión tribal extinta hace ya dos mil años, haciendo revivir al mismo tiempo un lenguaje que estuvo muerto todo ese mismo tiempo. Todo ésto lo consiguieron mediante la introducción de un tercero entre dos socios comerciales que empezó ofreciendo en primer lugar ayudar en los intercambios, y luego guardar su capital para acabar quedándose con él ofreciendo a cambio billetes de papel fiduiciario.
Nuestro retorno es a la tradición de Fitra permitida por el Corán en lo que respecta a los instrumentos de intercambio con valor intrínseco, junto con la recuperación de la lengua Osmánlica como lengua urálica que se desarrolló para poder entenderse dentro de la Ummatun Wasitun que se extendía desde los Balcanes hasta India, y que al tener viva la raíz turca sólo necesita estudio para que se reavive como lingua-franca del futuro; estos son los dos acontecimientos que asegurarán nuestro triunfo.
Lo que producirá la victoria es el patrón completo de los imperativos Islámicos aquí esbozados. En todo esto no hay "fundamentalismo", que no es más que una falsa doctrina que, a fin de cuentas y dada la carencia de fiqh de sus componentes, no es islámica. El mejor de los caminos posibles sería la restauración de un gobierno Osmani totalmente reformado. Reformado no en la desastrosa manera que lo hizo el Tanzimat masónico, sino en el sentido de Medina, con una restauración de las prácticas originales en la justicia y el comercio.
Los hechos, en consecuencia inevitables, son éstos: que este Din nació a partir del permiso Divino para llevar a cabo el yihad, y que nuestra gloriosa herencia Musulmana y Osmani no comenzó con el presidente Osman sino con Ghazi Osman, que Allah bendiga su familia y su futuro.
De cualquier modo, el premio será para aquél que alce en lo más alto el estandarte del Islam. Para él será la victoria prometida. Los Shi'a esperan al Mahdi. Obedientes a la Revelación y a su transmisor nosotros no esperamos. Nosotros actuamos. Nos preparamos. Confiamos en Allah y mediante la intensidad de nuestro niyyat y nuestra gran expectación, el tiempo producirá entre nosotros a alguien digno de tal ocasión.
