LA TÉCNICA DEL 'COUP DE BANQUE'

Shayj Dr. Abdalqadir As-Sufi

—VII—
Nuestra investigación ha demostrado que los banqueros representan el súmmum de un sistema de usura unificado, y también que este sistema engloba a los productores del petróleo, los productores de bienes de alto coste y las multinacionales, entre las que hay que incluir a la industria alimenticia que impulsada por la codicia, extiende sus tentáculos hacia las plantas tropicales que aún sobreviven en las profundidades de los restos que aún quedan de los bosques Amazónicos. Una inevitable interdependencia mantiene conectada a la banca en todos los procesos comerciales, si es que se puede considerar normal una forma de comercio supeditada a las actividades y estructuras valorativas de los magnates de los medios de comunicación, los mercaderes, los que comercian en los mercados de futuros y los que comercian con las divisas. Estos últimos se ocultan hoy tras el nombre de “especuladores” como si quisieran sugerir que no forman parte de esta diabólica alianza. Hemos identificado también el hecho de que esta élite bancaria, dirigida y controlada por familias de origen judío, es al mismo tiempo y en parte responsable del despreciable genocidio perpetrado contra su propia gente. En nuestros días es de sobra sabido que no fue sólo el banquero de Hitler, Schacht, sino que también fueron los principales banqueros de origen judío de Wall Street quienes ayudaron a financiar el Partido Nacional Socialista. Como vimos en el caso de la figura arquetípica de Zaharoff, no hay nada más irresistible para un banquero que una buena guerra, y el surgimiento de los Nazis presagiaba un inevitable programa de rearme a gran escala.
A pesar de la evidencia de los hechos, existe un proceso metódico y sumamente sofisticado que sirve para desviar un posible examen crítico e inteligente del sistema bancario. Por las razones que ya hemos indicado, el primer muro de protección consiste en acusar de antisemita a todo aquel que cuestiona a los banqueros; esta acusación, a la luz de lo que acabamos de establecer, es ciertamente absurda, ya que los banqueros son en parte los autores de la tragedia que padecieron esas gentes. Para evitar que alguien desenmascare la terrible traición cometida contra su propia gente, se ha preferido elevar a Hitler a una posición ontológicamente insostenible en la que se le hace aparecer como una especie de encarnación del Mal Absoluto. Hannah Arendt, la filósofa judía, hizo su conocido análisis sobre la psicología del exterminador y llegó a la conclusión de que la cualidad esencial era lo que ella definía como “la banalidad del mal”. Esta banalidad se pretende negar con el espantoso culto a los muertos organizado en torno a las víctimas y donde el sufrimiento judío se presenta como algo único e incluso superior al experimentado por las decenas de millones matados en los Gulags —toda una nación de muertos cuya eliminación sólo se puede atribuir a las mismas y enormes contradicciones de la sociedad capitalista cuyo instrumento político ha poseído en cada caso un carácter estructuralista, democrático y constitucional. Este dilema y esta trampa tendrán que ser confrontados tarde o temprano por los pensadores de las comunidades judías, y la presencia de un importante liderazgo judío en el movimiento ecológista y en el movimiento anti-globalización americano indican que este debate ya ha comenzado.
La segunda protección contra el análisis crítico es igualmente escandalosa. Dado que, como hemos visto en detalle, la llamada dialéctica democrática se basa en el antagonismo entre la Izquierda y la Derecha, el más mínimo vestigio de cordura en ambos grupos serviría para descubrir el siniestro papel que juegan los usureros. Los primeros pensadores de izquierdas, como Proudhon y Bakunin, no tenían la menor duda a este respecto; sin embargo, el discurso socialista fue desviado de su curso mediante una serie de ataques malintencionados y llenos de calumnias cuyo protagonista fue un Karl Marx a sueldo de los Rothschild. Así fue como se preparó el engaño más trágico del siglo veinte: la mítica idea de que la dictadura del proletariado sería capaz de derrocar a la élite capitalista; los desastrosos resultados son por todos conocidos. La Derecha, en su pervertida versión de la doctrina socialista —es decir, trabajando en un marco que negaba a los padres fundadores, Bakunin y Proudhon, además del macabro racismo que surgió en Alemania— utilizaba también un discurso minoritario que se centraba en las prácticas de la usura. A pesar de los estudios útiles y genuinos sobre las contradicciones presentes en la banca y el papel moneda, cometieron el peligroso error de malinterpretar la importancia innegable de la masonería y la inquietante identidad de las instituciones políticas supranacionales. Al abandonar la razón, cayeron en la filosofía de la conspiración mundial. Lamentablemente, lo que ha llegado a llamarse Teoría de la Conspiración puede ser identificado claramente como la politización de la paranoia personal. El resultado es que todo el que diga que existe una conspiración mundial será tachado de inmediato de estar loco de remate. Y así es como los círculos de cerebros al servicio de los financieros han desactivado, de forma brillante, los ataques críticos en contra del sistema bancario: simplemente gritando “¡Teoría de la Conspiración!”
Lo que se propone en este texto no es anti-judío ni tampoco es una aplicación de la teoría de la conspiración. El análisis aquí contenido es obra de un musulmán y está expuesto siguiendo la luz de la revelación Coránica y la gloria de la Sunna del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, y la ‘ Iÿma de la comunidad islámica durante el periodo califal.
Una nueva y moderna dimensión de la evolución de la banca es la relación que se da entre la banca mundial y la industria ilegal de la droga. A pesar de saber que las drogas duras matan menos gente que el alcohol y el tabaco, y a pesar de que es sabido que estas muertes dependen en gran medida de la adulteración que se hace del producto por causa de las presiones comerciales, los gobernantes democráticos persisten en declarar su ilegitimidad a pesar de haberse probado que si estas mismas drogas estuvieran libres de las valoraciones mercantiles el resultado sería la venta de artículos no adulterados y la casi completa eliminación de las muertes causadas por los aditivos químicos. La industria de la droga ocupa, junto a la de las armas, el primer lugar en la producción de riqueza del sistema kafir . Por esto, una vez más, y ayudados por sus bien pagados expertos en relaciones públicas, los banqueros han inventado una terminología financiera con la que se quiere sugerir que su participación en la industria de la droga es absolutamente inocente y se debe únicamente a las astutas artimañas de los productores de las mismas. El término que han inventado es el “blanqueo de dinero”. Decir esto supone una doble ironía porque se sugiere temerariamente que el resto del sistema monetario está limpio y libre de mancha alguna. Es absolutamente imposible concebir que en los bancos del mundo se pueda guardar, administrar, transferir e invertir la riqueza de los barones de la droga estando al mismo tiempo sumidos en un estado de total ignorancia. Igualmente insostenible es pensar que los miles de millones generados por este comercio tan destructivo, socialmente hablando, permanecen fuera del sistema bancario guardados en bolsas de papel marrón bajo los colchones de las camas de los jefes de los cárteles de la droga.
La prensa kafir ha hablado más de una vez de los cuatrocientos individuos que poseen casi la mitad de la riqueza mundial; no es una mera fantasía de la oposición. El hecho preocupante es que, a pesar de controlar el destino de la población mundial e incluso del mismo planeta, esta gente es prácticamente desconocida. No obstante, y en fechas muy recientes, el velo se ha alzado unos instantes para permitirnos contemplar una de estas desvergonzadas y odiosas personas. Así pues, rechinemos los dientes y fijemos nuestra atención sobre un solo individuo de esta cohorte repugnante, ahora felizmente muerto.
De no haber sido por su muerte y las extrañas circunstancias de su fallecimiento, seguiríamos ignorando la existencia de este personaje. A las 5 de la tarde del viernes 3 de Diciembre de 1999 se hizo público que dos intrusos enmascarados habían penetrado en el lujoso ático que el multimillonario banquero, Edmond Safra, tenía en Mónaco. Se inició un fuego en el apartamento que no se pudo controlar, el aterrorizado banquero huyó hacia el cuarto de baño en compañía de su enfermero y cerró la puerta de seguridad reforzada de acero. A pesar de que su esposa le dijo por el teléfono móvil que ya no había peligro alguno, el banquero parecía estar demasiado asustado como para salir y tanto él como el enfermero que lo acompañaba murieron a consecuencia del humo inhalado. El ático del elegante edificio de seis pisos estilo belle époque que, dicho sea de paso albergaba tres bancos, quedó seriamente dañado por el incendio. Poco tiempo después la historia de los intrusos enmascarados fue remplazada por una nueva versión en la que se afirmaba que el fuego había sido provocado desde dentro por su enfermero judío, Ted Maher. La nueva historia comenzó a ser puesta en entredicho conforme los medios de comunicación investigaban lo ocurrido. Aparecieron con rapidez nuevas pruebas que mostraban que Safra estaba siendo investigado por sus conexiones con la operación de la Irán-Contra. Posteriores alegaciones decían que estaba profundamente involucrado en el control de los fondos de la mafia rusa. Luego apareció un libro titulado “Vendetta” escrito por Bryan Burrough que narraba de forma dramática el desarrollo de un feroz conflicto entre Safra y el poderoso sector bancario americano de la American Express. Se publicaron extractos del libro que de repente dejó de publicarse y fue imposible conseguir. El cadáver que ocupaba el centro de este frenesí de rumores y noticias resultó ser el de uno de los ciudadanos más ricos del mundo. Pero antes de este escándalo nadie había oído hablar de él. Y sin embargo, era el propietario del Trade Development Bank of Switzerland, que había vendido a American Express en 1983. Poseía también el Republic National Bank of New York, los Bancos Safra (Florida, Nueva York y California), el Banque de Crédit Nationale, S.A.I. (Beirut, Líbano), el Banco Safra, S.A. de Brasil, Sabon S.A. de Panamá, Concord Trust Ltd. en Londres, además de otros muchos bancos en todo el mundo. Safra había nacido en Líbano y, conforme al perfil que hemos descrito, se definía a sí mismo como banquero y filántropo. A la hora de su muerte, ocurrida a la edad de sesenta y siete años, estaba supervisando la venta del Republic National y sus filiales Safra Republic Holdings a la compañía inglesa HSBC Holdings por la cantidad de nueve mil ochocientos cincuenta millones de dólares. La venta tuvo lugar, generando para los herederos de Safra unos beneficios de dos mil ochocientos millones de dólares. Su jefe de seguridad, Shmule Cohen, llegó demasiado tarde al apartamento para rescatar a un Safra que había reclutado un pequeño ejército de guardias de seguridad formado por veteranos de las unidades especiales del ejército israelí. Su perfil como banquero es totalmente clásico, con la serie usual de mansiones de lujo, villas y apartamentos esparcidos por todo el mundo. Su villa “La Leopolda” que había pertenecido al Rey Leopoldo de Bélgica, de ahí ese nombre tan vulgar, había sido el escenario donde se celebraban esas repugnantes fiestas llenas de famosos que forman el marco en el que les gusta aparecer a los banqueros para mezclarse con las estrellas de los medios de comunicación y los magnates. Un reportaje de la prensa sumamente poético sobre la muerte de Safra, informaba a sus crédulos lectores que su riqueza la había obtenido en el Líbano ¡ayudando a financiar las caravanas del desierto! ¿Hasta cuándo seguirá la gente sumida en la ingenuidad y la ignorancia más absolutas cuando contempla a aquellos que nada tuvieron, a no ser una serie de engaños despiadados, manipulaciones y oscuros pactos que les han llevado a perpetrar con éxito ese robo gigantesco que les produce un enorme capital que se cuenta en miles de millones y que fue adquirido reduciendo a las masas del planeta a una gran nación de deudores, la raza humana, una situación de la que sólo se libran unos pocos cientos de criminales?
Debe añadirse a este análisis una nota final de tono político con la que ayudar a desenmascarar y definir a estos enemigos de la humanidad y más concretamente, de los musulmanes. Se ha demostrado que una de las características de la Democracia es el establecimiento de una sociedad que, de estar basada en la posesión de la tierra pasa ahora a estarlo en la del dinero. Una vez más, el término periodístico tan en boga, “aristocracia bancaria”, es un nuevo engaño que no oculta la evidencia de que gracias a sus crímenes han conseguido importantes territorios. La filosofía política del Estado moderno, esto es, los EE.UU. y la Comunidad Europea, anatemiza toda forma de elitismo, ya que la formación de una élite significaría el regreso al sistema de poder que oprimió antaño a un Pueblo, ahora tan gloriosamente liberado. Así pues, y tras la acusación de antisemitismo, la peor denuncia es ser tachado de elitista. La razón del uso vejatorio de estos dos términos es poner a salvo a los banqueros de toda posible detección. En Inglaterra, el gobierno socialista puso fin a todo un marco social dotado de una rica cultura y de un legado vivo. La así llamada Madre de los Parlamentos sobrevivió durante siglos con un sistema bicameral: la Cámara de los Comunes que es la que gobierna y la Cámara de Los Lores que es la cámara que revisa y da consejo. Desde el punto de vista cultural, la Cámara de los Lores seguía siendo la voz autorizada en una sociedad basada en la tierra. La razón que propició la abolición de la segunda cámara fue que los Demócratas declararon que era un escándalo que alguien siguiera gobernando por meras razones hereditarias. Al ser éste el principio transgresor —y no el historial político de los Lores— y dado que esos mismos Lores habían sido llevados a la bancarrota casi total, o al menos a la penuria, no les quedaba otra cosa que ofrecer al país excepto el posible talento genético que tuvieran. Habían sido humillados con toda una serie de leyes impositivas sobre herencias e impuestos sobre sucesiones. Ni que decir tiene que este tipo de menosprecio o descenso social jamás fue impuesto a las familias de los banqueros. Estos últimos forman una élite que ya en el siglo pasado y en pleno camino hacia el poder empezaron a emparentarse por matrimonio con la antigua aristocracia. Hoy en día, por supuesto, tal y como hacían los barones terratenientes de antaño ya se casan entre ellos. Las grandes familias bancarias de Europa y América ostentan árboles genealógicos que más bien son cartografías detalladas de la riqueza mundial. En fechas recientes los Rothschild encargaron una serie de miniaturas con las que representar el elevado número de palacios que han poseído, y aún poseen, por toda Europa desde su bien documentado ascenso al poder.
Con esto hemos llegado al momento de examinar la situación actual a la luz del Noble Corán, la guía de los muminun .